
Hace tiempo que no escribo, no se si por vagueza, o porque estoy inmersa en otras cosas que me apetecen más, sin embargo hoy al contemplar la niebla desde la ventana de mi cuarto, se han apoderado de mi una serie de pensamientos.
A veces la vida es como la niebla, unas veces es mas densa, tiene un aroma inconfundible, no te deja ver a un metro de distancia, te aprieta, y por más que te empeñas en pasar el limpia parabrisas del coche, por ejemplo, no hay manera de ver más allá, solo tu y la niebla. Otras veces no lo es tanto, y si te empeñas puedes atisbar algo en la lejanía, pero esa niebla no huele, no aprieta, no te deja solo en la espesura blanca.
La bruma, sin embargo, que parece que no es nada, quizá sea la peor, porque nada es nítido aunque el día sea soleado, porque no aprieta pero pesa, no es densa pero se estanca en la orilla del mar, porque por mucho que te empeñes no ves las cosas como son.
Hoy ha amanecido el dia con una neblina y finalmente ha salido el sol, pero la bruma no se ha ido, sigue ahí, diciendome que por mucho que quiera no voy a poder disfrutar hasta que decida marcharse.